sábado, 26 de enero de 2008

Los amantes


Acá estoy, de nuevo.
En estos días leí mucho a Cortazar, y realmente cada vez que lo releo descubro maravillas que estaban esperando ser encontradas.
Pienso y pienso, que no tengo que pensar tanto; que llegará o no un momento, que será un momento inesperado. Que la vida se pasa y paraliza tanto tanto a lo soñado.
Que mirar no es ver, que escuchar no es oír, que estar acompañado no significa no sentirse la persona más sola de la tierra.
Enredada conmigo misma, con los demás, en las miradas que no ven y oídos que parecen no escuchar nada.
Disfruten el poema, es muy bello.



¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?

Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.


Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.


JULIO CORTAZAR

4 enredados:

Anónimo dijo...

guauuu! Cortazar, la ceguera en la que estamos viviendo día a día.

Martín dijo...

epaaaaa!
pero tenés razón, eso de la soledad es cruel y verdadero. Es un veneno

Marcelo dijo...

pasaba a dejarte unos abrazos de oso y decirte que no te pierdas más!!! estoy acostumbrada a leerte todos los días, je!

Marcelo dijo...

ups!! acostumbradoooooo!!!!