Sangraba.Primero tímidas gotas, luego, chorros espesos, coágulos.
Su boca estaba rodeada del líquido rojo que brotaba de su piel, de sus venas de su cuerpo, estaba empapada.
Sus labios se confundían ante semejante humedad, dulce humedad. Inundada.
De sus ojos, de sus lagrimales, de sus pestañas... brotaba, fluía, crecía... sangre.
Sangraba.Su cabello castaño convertido en río de aguas rojas,
su mente oscura teñida y transformada en piedra carmesí.
Esta vez, había sido herida de muerte.
Otras veces solo se cubria de lágrimas.
Esta vez no.Otras veces el utilizó las armas que sabía usar a la perfección, la hería con "palabras".
Esta vez no.El quiso cambiar, y utilizó el arma letal. Calló.
Su arma fue el silencio más absoluto y más mortífero de todos.
(Tal vez el ataque no fue premeditado, pero sucedió)
Su arma fue asesina, de una muerte lenta y dolorosa.
Sin espasmos ni gritos, sin agitarse por nada.
CIEGO, CIEGO.
Caballero ciego.
Tal vez creyó que el juego terminaría como siempre.
Pero esta vez no.Ella
sangraba.Agonizaba.
El no pudo verla, ni saber... que ya no estaba.
Ese asesino, al que ella, desangrándose, solo amaba.

Roxana